Berlín ha resultado ser una ciudad muy disfrutable. Es como muchas ciudades en una, con habitantes de procedencias diversas, con una historia convulsa (se ha reencarnado una y otra vez), es informal y… diferente.




La huella es algo que está presente aunque en ocasiones la aniquilación fuera total. La transformación es contínua y conviven lo simbólico, lo físico, el recuerdo, lo nuevo, lo kistch, el recicle bruto, los proyectos más moderniquis, la nostalgia…










Hay diferentes tipos de “rastros” que uno se va encontrando, los históricos y los más expresivos que pueden ser de antesdeayer y que se van almacenando formando bArrokismos.












En un concierto de música clásica bebiendo birras, los concertistas vestidos de calle y el espacio estaba sin restaurar. ¿Qué historias habrían pasado en aquel lugar tan así?, ¿Cómo se habrían caido los trozos de escayola del techo?
Botellas de vino vacías servían para sujetar las velas (rollo bohemio). A la salida; “la voluntad”. Danke!







Los coches y motos del este del ayer hoy parecen guays. En Berlín lo aprovechan todo, bueno, todo lo que les da la gana, porque pueden invertir dinero en algo que sea secundario y dejar el resto tal cual durante siglos.










Los berlineses son anarkoprácticos, creo. Cada uno va a lo suyo. Intentan no molestar demasiado y no se preocupan de los demás, no “ven” porque tampoco “miran”. Justo lo contrario que aquí.
En el metro, una chica pidiendo dinero, con ella una RATA blanca correteando por su cabellera gótica. La gente ni miraba a la ratttaaaa!!!! Después apareció su novio, también vestido de negro y con otra rata blanca. Se fueron los dos.
Viendo la foto que Silvia les sacó “por la espalda”, la gente si que se gira un poquito…

















El tranvía, y el tren un medio de transporte ideal para moverse y seguir viendo ciudad. El Tour en bici me gustó lo que más de la estancia berlinesa. Lo recomiendo.
Silvia me ha pasado unas bonitas fotos que yo he añadido a las mías.













