Hace tiempo que no recibo postales de nadie. El email y las redes sociales asesinaron a la post-al. De las últimas que me llegaron fué la de Picasso de Lean y Bocadorada, muy graciosa por cierto. En los rastrillos encuentro postales bien raras (y me las mando a mi mismo). Me sorprendo cuando veo en el buzón por San Valentin imagenes de parejas enamoradas en paisajes idílicos o monos de peluche en su día a día.
Algunas postales antiguas superan a la realidad en belleza o en bizarrez. Buen ejemplo, el de la fotografía de Venta de Baños, que resulta más interesantemente bella que la misma calle en la actualidad.
Los ornamentos extra también desaportan; Las sombras, los degradados, los filtros, logotipos del sobrino, líneas y polígonos volando… Exibición de fantasía gráfica para marcar estilo. Las esculturas de Manrique, por ejemplo, no necesitan nada. En si mismas son suficientemente horribles y abundan en toda la isla.
Las invitaciones a expos: de Iñaki Imaz y de Luís Candaudap.
Antaño llegaban postales customizadas; la sevillana con AC/DC escrito a boli en el pecho (sólo podía ser de Kike Brutalico), “La reina madre va a Benidorm” de Hafo en Erasmus. Desde Francia Iñigo mandó una postal collage que conformaba una “ikurriña que había zampado lo suyo en el txoko con su cuadrilla”. Impresionante.
O cualquier cosa como la publicidad del restaurante RUMY puede servir. Un sello, la dirección…












































































































